UN GESTO DE AMOR Y VALENTÍA: DONA ÓRGANOS… DONA VIDA

Han transcurrido 54 años desde aquel 11 de agosto de 1969, en el que se realizó el primer trasplante de riñón exitoso en el Perú, convirtiendo al Centro Médico Naval “Cirujano Mayor Santiago Távara” en pionero en la realización de dicha proeza médica.

Luego de más de 5 horas de operación realizada por un equipo multidisciplinario presidido por el entonces Capitán de Corbeta SN (MC) Raúl ROMERO Torres, María Francisca PALIZA Mendoza recibió con éxito el riñón donado por su hermana recuperando de esta manera su calidad de vida. Cabe mencionar que, este hecho significó un enorme prestigio para la Sanidad Naval mereciendo el premio Rousell Perú en 1970.

Actualmente, el sistema de salud de la Marina atiende un gran número de pacientes en su centro de hemodiálisis, ubicado en el Centro Médico Naval “CMST”, quienes son potenciales receptores de trasplante renal. En este sentido, la Marina de Guerra del Perú viene impulsando un proceso de actualización tecnológica del equipamiento biomédico, priorizando el área quirúrgica, gestionando importantes convenios de salud con instituciones públicas y privadas, en beneficio del personal naval y familia afiliados.

En ese contexto, con gran satisfacción y alegría Scarlett MARTEL Paez (25), hija del Técnico Segundo (r) Javier MARTEL Bazán y quien a la fecha lleva 4 años 4 meses de ser trasplantada, agradece el acto de amor, solidaridad y valentía de su madre Lita PÁEZ Jacay, quien decidió donarle uno de sus riñones y, la pericia de los galenos de la Unidad de Trasplante Renal del Departamento de Cirugía de dicha Institución Prestadora de Servicios de Salud de la Marina que contribuyeron en mejorar su calidad de vida.

“A los 16 años, luego de ser diagnosticada con insuficiencia renal crónica empecé a recibir sesiones de hemodiálisis de dos a tres veces por semana durante tres o cuatro horas al día. Un año después, logré estar inscrita en la lista de espera. Recuerdo que éramos alrededor de 50 a 60 pacientes, pero lo más triste es que en esa lista también figuraba el tiempo que otros pacientes venían esperando por un órgano, siendo el mayor tiempo de espera 20 años”, afirmó la estudiante de administración de empresas.

Lamentablemente, no todos pueden lograr estar inscritos en la lista de espera, ya que, al realizar los exámenes médicos correspondientes como pre-requisitos, existe la posibilidad de que los pacientes puedan ser calificados como no aptos para sobrevivir a la operación. 

Resaltó que, “La donación de órganos es una segunda oportunidad de vivir. En mi caso, este trasplante me ha permitido cumplir mis sueños y metas personales, pero, sobre todo ser feliz al llevar una vida normal, por supuesto sin descuidar mi dieta.”

Tiene claro que aún existen personas escépticas con el tema, pues se ve reflejado en la baja tasa de donaciones en el país, pero asegura que, si deciden donarle un órgano a un paciente que lo necesita o si algún pariente suyo que acaba de fallecer califica como donante, no lo piensen más y ¡háganlo!: “Si está en sus manos ayudar, yo les agradecería de todo corazón que realicen este gesto noble y altruista. Sentirán una gran satisfacción porque una parte suya le estará devolviendo la vida a alguien más y vivirá en él ¡Entre todos siempre debemos ayudarnos!”

Por su parte, la Licenciada en Obstetricia Lita PÁEZ, madre de la paciente destacó: “Los padres damos la vida por nuestros hijos, más aún si es por segunda vez como es mi caso”. Fue la primera en ofrecerse como donante luego de ver que su princesa- como ella le llama- se descompensaba en cada diálisis, así empieza su lucha… ardua pero feliz.

Actualmente, Lita quien fue la valiente donante se encuentra con óptima salud y sigue trabajando arduamente en sus labores asistenciales que demuestran una vez más, su amor por el prójimo.

“Me siento muy bien, a veces hasta olvido que tengo un solo riñón. Mi hija ahora puede estudiar, viajar, acariciar sus éxitos postergados… eso sí, siempre cumpliendo las indicaciones médicas periódicas de los especialistas en trasplantes del Centro Médico Naval”, sonríe. “A través de este testimonio que comparto con la familia naval, quiero demostrarles que todos SOMOS POTENCIALES DONANTES y si en nuestras manos está, no dudemos en brindarle una nueva oportunidad de vida a nuestro prójimo”, concluyó.

Es así como la hazaña médica que hoy celebramos, evidencia el trabajo en equipo y profesionalismo del personal de salud que conforma la Sanidad Naval, los mismos que siguen la estela dejada por estos precursores de la medicina con la misma mística y vocación de mejorar la vida de los pacientes.